Criterios de selección de los despachos de abogados

Publicado por admin el Tuesday 24 May 2011 a las 11:36

Sandra Enzler Fandos    Por Sandra Enzler Fandos, Profesora de la Facultad de Derecho Directora Relaciones Corporativas y Servicio Carreras Profesionales de ESADE.

Cada año, el inicio de la primavera marca el pistoletazo de salida para que los alumnos de último curso de Licenciatura inicien aquellos procesos de selección que les permitan, con suerte y algo más, incorporarse a las distintas firmas jurídicas. ¿En qué consiste este algo más, qué requisitos son solicitados por la mayoría de las firmas de este país? Pues bien, algunos son claros y objetivos: un título de licenciado en derecho que refleje un buen expediente académico, y un alto nivel de inglés. Se valora también el conocimiento de un segundo idioma, así como, en ocasiones, la posesión de un postgrado o máster. Algunos, también tienen en cuenta la experiencia en el extranjero.

Tras una primera criba de aquellos CV que reúnan los requisitos expuestos y que hayan sabido captar adecuadamente la atención del seleccionador (no debemos olvidar que tanto el CV como la carta de presentación, son una herramienta de marketing personal y que, por tanto, vale la pena invertir el tiempo necesario en redactarlo), se inicia la segunda fase del proceso, que consistirá en una entrevista personal en la mayoría de los casos. En ocasiones, no obstante, los aspirantes deberán superan previamente tanto test psicotécnicos como pruebas técnicas.

La entrevista es, en cualquier caso, la prueba de fuego, puesto que es la mejor herramienta junto con las dinámicas de grupo, para evaluar competencias. La entrevista personal no persigue únicamente conocer al candidato, sino averiguar si su perfil competencial se adapta al modelo del despacho. Así, poseer determinadas competencias se convierte también en requisito imprescindible para pasar exitosamente un proceso. Las más destacadas por las firmas al anunciar sus requisitos de entrada son: iniciativa, pro actividad, creatividad, tenacidad, flexibilidad, habilidades comunicativas, trabajo en equipo, empatía, resolución de problemas, toma de decisiones y capacidad de análisis.

Se entremezclan así tanto las competencias cognitivas, siempre ligadas a la exigencia de que un abogado sea sobre todo un excelente técnico, con competencias relacionales o sociales, como es el trabajo en equipo, que se hacen imprescindibles bajo determinadas culturas organizativas, y las competencias personales, siendo dos de ellas, iniciativa y flexibilidad, las más demandadas. Por el contrario, para la mayoría de firmas, a los recién licenciados no les son exigidas las competencias directivas (liderazgo, dirección de equipos, desarrollo de otros, gestión del cambio) ya que no son imprescindibles al inicio de la carrera profesional.

De este modo el círculo se va cerrando cada vez más, ya que no siempre un buen expediente implica poseer las competencias indicadas, y a las firmas jurídicas de poco les sirve una matrícula de honor, si el alumno no es un buen comunicador, no sabe trabajar en equipo y le cuesta enormemente tomar decisiones. De ahí el gran reto que tenemos actualmente los profesores universitarios, de intentar no sólo formar juristas con sólidos conocimientos jurídicos, sino de desarrollar aquellas competencias que debe reunir cualquier profesional vinculado con el mundo jurídico.

Pese a resaltar el valor de las competencias, no deben los aspirantes olvidar su trayectoria académica, y aunque la mayoría no entienda el alto valor que otorgan los despachos al expediente, deben saber que de éste se desprenden también competencias, como la tenacidad, la planificación y la gestión del tiempo, todas ellas exigidas por la profesión.

Estoy de acuerdo, sin embargo, con algunos de mis alumnos, en potenciar como requisito de entrada las competencias, ya que al final van a ser éstas, y particularmente las emocionales, las que garanticen el éxito profesional. Desgraciadamente, en ocasiones, determinadas firmas pueden llegar a perder potencial al exigir una alta nota de corte. Por el contrario, aquellas que son más flexibles, en más de una ocasión se llevan la grata sorpresa que corroborar como la motivación, y el poseer determinadas habilidades, convierten al profesional, en un excelente profesional, con independencia de si aprobó la carrera con un seis de media o con un ocho.

Pero con lo expuesto hasta el momento no basta. Existe una tercera categoría de requisitos, mucho más difícil de evaluar e incluso de encontrar: ilusión, entusiasmo, dinamismo, compromiso, sacrificio, disponibilidad, responsabilidad, integridad, calidad humana, solidaridad y vocación. Estos son mayoritariamente los sustantivos utilizados por las firmas al describir algunas de las cualidades que deben reunir los potenciales abogados.

De entre ellas destacaría, la ilusión y el entusiasmo. A lo largo de mi experiencia profesional, he comprobado como aquellos alumnos que son capaces de transmitir su ilusión y entusiasmo, porque realmente lo poseen, tienen mucho camino ganado, ya que es lo que realmente puede llegar a suplir otras carencias.

Por último, no debemos olvidar que cada firma tiene su propia cultura organizativa, su propia misión y visión, y por tanto también será importante que el candidato esté en línea con las mismas. Para los alumnos no siempre es fácil distinguir esta cultura, y a sus ojos, la mayoría son iguales. No obstante, con paciencia y observando, se pueden encontrar notables diferencias. Quienes sepan tenerlas en cuenta, sabrán mucho mejor donde pueden tener más oportunidades, no solo de incorporarse, sino de permanecer, ya que no siempre una entrada exitosa te garantiza una permanencia fructífera.

En definitiva, pese a que a nadie nos guste reconocer que buscamos al “mirlo blanco”, creo que es prácticamente algo innato, y al menos todos lo intentamos, lo que ocurre es que muy pocos lo somos, y esto, más la crisis de los últimos tiempos no ha hecho más que endurecer los criterios expuestos. Pese a ello, si bien se habla reiteradamente de excelencia y talento, no parece que ésta recoja, al menos explícitamente, dos de los requisitos que sus futuros clientes, los abogados de empresa, indican como primordiales, como son la visión empresarial, la comercial y la perspectiva internacional. ¿No valdría pues la pena, incorporarlos e incluso desarrollarlos a lo largo de la carrera profesional?

Publicado en: diariojuridico.com


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