“Caso Bretón” o la “Crónica de un veredicto anunciado”

Publicado por Redaccion el Saturday 22 September 2012 a las 12:12

Por Cristina Carretero González. Profesora de Derecho Procesal y Coordinadora del Grupo de Investigación Derecho y lenguaje. Facultad de Derecho. Universidad Pontificia Comillas.

Ni juicio, ni paralelo: el medio de comunicación debe informar, con datos objetivos y contrastados. Opino hoy nada más que como jurista y desde la óptica del  correcto proceso penal en el caso de los niños Ruth y José, uno de los sucesos más terribles y tristes, ante el que nadie, con un poco de conciencia y sentimientos, puede permanecer impasible y en el que el deseo de justicia nos une a todos los ciudadanos. Pero esa justicia tiene su proceso, con sus principios, sus derechos y sus tiempos, y si no los respetamos -en toda su dimensión- decae la esencia de su propia existencia. Esta opinión que hoy expreso viene movida por la reflexión acerca de la trascendencia que puede tener en un proceso la forma y el contenido de informar sobre hechos judiciales.

Hace unos días leía en una página web este titular: “Internet mantiene activo su juicio paralelo”[1]. En ese artículo se relata el modo en que se está opinando acerca de este caso desde diversas plataformas. Parece ser que las palabras “cadena perpetua, tortura y trabajos forzados” se repetían en mensajes ciudadanos reflejando el sentir de muchas personas. He indagado por la propia red y compruebo la facilidad que tenemos los seres  humanos para hablar y formular juicios, casi de cualquier tema; de lo conocido y lo desconocido, de lo que se domina y de lo que no. Y si es que se domina, con una relativamente frecuente osadía porque más allá del aspecto humano, del que no trato en estas líneas, se opina acerca de la parte más técnica del proceso.

Igualmente leo este titular: “Cerco al monstruo”[2] (referido al mismo caso de José Bretón). Es un artículo bien escrito y documentado, pero tan demoledor para un acusado, cuya vista oral no ha comenzado, como presagia su título. Después de leer bastantes artículos con un tono similar, trato de imaginar un juicio que podría realizarse  con jurado y a los jurados después de que hayan visto y leído lo mismo que yo; si les cabrá, a pesar de las pruebas, algún resquicio para poner “en tela de juicio” lo visto, leído y escuchado; si podrán librarse de los prejuicios que les van a dominar.

Trato de imaginar la/s estrategia/s de defensa que presentará su abogado (de la que, a grandes rasgos, ya conocemos la línea que trazará) y la defensa de la legalidad que tendrá que hacer la fiscalía en un caso en el que parece estar ya todo contado. Salvo la declaración, el testimonio del propio José Bretón (o la negación de su autoría en los hechos, que es lo que ha mantenido hasta los últimos tiempos) conocemos buena parte del contenido de las de numerosos testigos y peritos que tendrán que declarar.

Uno de los problemas de los juicios paralelos es su conjugación con un juicio que se considere verdaderamente justo y con un jurado imparcial. Aquí y ahora ¿dónde comienza y dónde acaba, dónde están los límites entre la libertad de expresión y una tutela judicial verdaderamente efectiva? ¿Qué jurado o qué juez puede oír, libre ahora de prejuicios (con verdadera imparcialidad), como se espera, cualquier testimonio o declaración presentado en la vista oral?

Sabemos que la Constitución Española en su art. 20.1, apartados a y d, reconoce los derechos a la libertad de expresión, y a comunicar y recibir información veraz. También sabemos que dado que estos derechos no tienen carácter absoluto, aparecen los límites, como los reflejados en el mismo precepto. Pero hay otros, y la presunción de inocencia del 24 (y del Convenio de Derechos Humanos), es uno de los derechos que, directa e indirectamente, pueden resultar más vulnerados en el caso de juicios “paralelos”.

De entre las leyes de procedimiento hay otros preceptos relativos al secreto del sumario que conviene recordar (arts. 301 y 302 LECrim) porque hasta que se abra el juicio oral, en principio, las diligencias del sumario son secretas (para quienes no sean parte) y que tanto los abogados como los procuradores o los funcionarios no pueden revelar los acontecimientos del mismo; además -el Juez, motivadamente, y a petición de las partes o del Ministerio Fiscal- puede declarar ese sumario secreto en todo o en parte (por tiempo determinado). Y aquí pueden aparecer las temibles, por frecuentes y obstaculizadoras, filtraciones que desde los supuestos más diversos (y con distintos intereses) van apareciendo hasta que terminan por inundar las portadas y platós.

Lo he comentado con diversos profesionales, abogados, fiscales y periodistas, estamos ante un veredicto y una condena bastante previsible de realizarse el juicio, como parece, con jurado. Por otra parte, ¿recordamos la sentencia 145/88 del TC que motivó la separación de órganos judiciales para instrucción y plenario y volvió a determinar el principio del juez no prevenido, imparcial? ¿No tendríamos un jurado indirecta y previamente “prevenido” por parcial?

Personalmente me sorprendió la intervención del comisario del caso en un programa de televisión[3] ofreciendo abundantes y pormenorizados detalles del caso a los periodistas que le interrogaban. Lo habrá, pero no recuerdo haber visto antes en televisión un testimonio similar en un caso que estuviera en sede judicial (en instrucción, concretamente). Y no es que no resultaran creíbles tanto el testimonio como las respuestas, es que, más bien al contrario, resultaban tan creíbles, tan convincentes incluso en lo que expresaba como: “en mi opinión personal”, que sólo podían llevarme a la piel de los jurados.

Lo relevante de este testimonio es que no se trata de “cualquier opinión personal”. Es una opinión cualificada e informada; la del comisario que ha estado vinculado día y noche al caso: ¿cómo no voy, yo jurado, a tener en cuenta lo que he oído? Empaticemos más con el jurado: yo, miembro del jurado no soy un experto, el comisario que vi en televisión sí y tiene gran experiencia; y su testimonio era sereno y meditado, un profesional y hombre del pueblo, con los pies en la tierra. Ha realizado en televisión un amplio relato de los hechos que conoce bien, lo ha hecho en público y, en su opinión, José Bretón es culpable, miente, es frío y el móvil que el comisario ha propuesto parece acertado.

A propósito de su intervención, leo este titular (que refleja gráficamente un momento de gran audiencia en la televisión;  parece ser que el 21.3%, un éxito): “El Comisario Serafín Castro: la nueva estrella de Telecinco”[4] y cuyo subtítulo indica: “El jefe de la investigación de la desaparición de Ruth y José habla abiertamente del caso en televisión”. En la información se dice que el comisario ha visitado ya otras televisiones pero que la de Telecinco ha sido la que más ha llamado la atención. ¿Qué me la llamó a mí cuando lo veía entre ese 21.3% de la audiencia? Verán, se escucharon declaraciones como estas: según el comisario: “antes de estar detenido, yo le pregunté: ¿dónde está tus hijos José?”, y “me contestó: muy cerca”.

Cuando le preguntan por el estado de ánimo de Bretón dice que estaba “jovial” y cuando inspeccionaban para encontrar rastro de los niños les pareció  “como que con él no iba la fiesta”; su actitud era “increíble”; a veces, dice, estaba “altivo” y se mostraba “soberbio” y después, aunque advierte que él no es psicólogo (a propósito, también pueden encontrarse en internet testimonios de psiquiatras y psicólogos que “informan” sobre el perfil psiquiátrico y psicológico del acusado) dice que no es un enfermo ni un loco, que en su opinión “mentía a conciencia” y quería convencerse de su propia mentira. El comisario también resaltó la “tranquilidad” de Bretón y que, en su opinión “se ha vengado de su mujer. Cuando la mencionábamos perdía el control”.

Y sobre el móvil, repite que “según su opinión personal”, todo es una venganza a su mujer porque él no acepta la separación, él elucubra… no le hago daño físico a la mujer…hay un daño más doloroso, el que durará siempre, viene a decir,… la muerte de sus hijos, y de forma minuciosa relata datos que asemejan a los informes periciales o detalles como que “a las 13.31 sale Bretón y llega a la finca; a los tres minutos hace una llamada infructuosa”… “yo pienso” que era para dar el ultimátum a su mujer, etc.

Recuerdo que en algún momento del programa me pareció sentirme presenciando una especie de Gran Hermano Judicial; era todo un testimonio, pero… en el plató. Como información y entretenimiento, hay que darle un diez. Pero hay un proceso, y ahora, ¿dónde queda esa presunción de inocencia; la contradicción procesal; el deber de sigilo, la imparcialidad del juez (o del jurado) y un juicio realmente justo? La presión mediática sobre la opinión pública me parece innegable en este caso (y en otros conocidos por todos) porque ha sido fulminante. Y entre esa opinión pública se encuentran los futuros miembros del jurado. ¿Quién puede ser inmune a determinado tipo de información?

Según Europa Press[5], el abogado defensor ha presentado un recurso para intentar evitar el juicio con jurado por posible falta de imparcialidad del mismo. Parece lógico por su parte. Esperemos que si como parece, hay juicio con jurado, entre las instrucciones del magistrado presidente al jurado se incluya un cursillo sobre los “juicios paralelos” y que los inste a librarse de los prejuicios que sin ninguna duda llevarán en la mochila de su responsabilidad ciudadana en el caso.

Dejemos, por mucho malestar e indignación (y otros sentimientos) que nos esté causando un hecho de estas características, que funcione el proceso y la justicia; lo hace lentamente (y a veces con errores) pero lo hace; de hecho parece que todas las investigaciones y la instrucción ya apuntan en un mismo sentido.

Creo que sí debe haber regulación, si se quiere normalización, de los contenidos de un caso que se esté enjuiciando, especialmente cuando se han decretado secretos de sumario. Y debe existir una figura también normalizada que lo haga; si sólo existen gabinetes de comunicación en determinados órganos jurisdiccionales y otros órganos, lógicamente, no disponen de ellos, o bien se han de ampliar los existentes para atender a órganos con delimitación territorial o bien se pueden crear otras portavocías de comunicación para transmitir correctamente la información en todos los casos en que lo imponga el interés informativo y/o lo demande la opinión pública.

El normal funcionamiento de la Administración de Justicia debería ser una razón de base; y con sus virtudes y deficiencias, el sistema judicial es para todos y debe funcionar pero también hay que dejarlo que funcione y estoy convencida de que los extraordinarios periodistas con los que contamos en nuestros medios pueden informarnos de manera completa y respetuosa con ese sistema.


[5] http://www.20minutos.es/noticia/1592439/0/ . Consultado el 19-09-12.

 

Publicado en: diariojuridico.com


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